viernes, 5 de junio de 2009

¿Quién te valora?


Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.
- Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro?. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
- ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después... Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
- E... encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas-.
- Bien -asintió el maestro-. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.
- Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
- ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
- Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
- ¿¿¿¿58 monedas???? -exclamó el joven-.
- Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... Si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
- Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

Cuesta entender o aun mejor poner en práctica este sabio cuento en nuestras vidas, pretendemos que cualquier persona nos entienda y valore, tal vez esto sea pedir demasiado.

Hace ya varios días tenia este cuento para sacar alguna reflexión sobre él, pero hasta hoy no se me había ocurrido nada, ahora entiendo porqué, sencillamente porque no tenía una experiencia propia con la cual relacionarlo, pero hoy es diferente, con propiedad de causa puedo escribir al respecto; muchas veces nos apegamos a un sueño que nunca concluyo, a personas que de una u otra forma solo llegan a nuestra vida por una corta temporada y nos aferramos a la idea de quedar, de permanecer con ellos, cuando ellos mismos se han aferrado a otros y no hay lugar para que nosotros podamos quedarnos, simplemente porque ellos no descubrieron nuestro verdadero valor, pensamos que les habríamos aportado muchísimo, al fin y al cabo somos personas que sumamos, valemos, y tenemos muchas cosas para dar, pero intentamos darle todo eso a la quien nunca lo vio, o sencillamente no le importo, aceptemoslo aveces esa "otra" persona nisiquiera tiene la culpa, es solo que no era la correcta para nosotros, no por eso vamos a empezar a creer que no somos lo suficientemente buenos para alguien, aunque en el momento sintamos que es así.

La cuestión aqui es que hay siempre otras personas que si quieren estar con nosotros, que a pesar de nuestros errores ven más allá de lo que simplemente ven fuera y aprenden a querernos, y no solo eso, nos ayudan a sacar lo mejor de nosotros mismos, suman a nuestra vida ayudándonos a descubrir cosas que no sabíamos que teníamos o que podíamos llegar a ser, debemos dejar de ver hacia esa oportunidad fallida para darnos esa oportunidad, y no olvidar que cada uno de nosotros tenemos que ser justamente esa persona que sume, que da, que ve más a fondo, que para aprender a descubrir el verdadero valor de las personas tenemos que empezar por descubrir el propio.

jueves, 5 de marzo de 2009

Y tu... ¿qué estas viendo?


Hace tiempo, en un lejano pueblo, había una casa abandonada. Cierto día, un cachorro, buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero en el portón de la residencia. Subió lentamente las viejas escaleras de madera hasta que se encontró con una puerta semi-abierta: y se adentró en el cuarto, cautelosamente. Con gran sorpresa, se dio cuenta que dentro de esa habitación había mil perritos más observándolo tan fijamente como él a ellos, y vio asombrado que todos los cachorros comenzaron a mover la cola, exactamente en el momento en que él manifestó alegría. Luego ladró festivamente a uno de ellos y el conjunto de canes le respondió de manera orquestada, idéntica. Todos sonreían y latían como él. Cuando se retiró del cuarto se quedó pensando en lo agradable que le había resultado conocer el lugar y se dijo: " Volveré más seguido por aquí."

Pasado un tiempo, otro perro callejero ingresó al mismo ambiente. A diferencia del primer visitante al ver a todos los congéneres del cuarto, se sintió amenazado, ya que lo miraban de manera agresiva, con desconfianza. Empezó a gruñir; y vio, maravillado, como los otros mil perritos hacían lo mismo que él. Comenzó a ladrarles y los otros también hicieron lo mismo ruidosamente.
Cuando salió del cuarto pensó: "Que lugar tan horrible es este. Nunca regresaré." Ninguno de los canes exploradores alcanzaron a reparar en el letrero instalado en el frente de la misteriosa mansión: "La casa de los mil espejos."

Este gracioso cuento nos enseña que al igual que estos dos perritos, los seres humanos vemos el mismo mundo de forma diferente, lo que para unos es bueno para otros puede ser relativamente malo, y esto se da de acuerdo a lo que cada uno quiere, desea y guarda dentro de si. A veces lo hacemos de forma inconsciente conforme a nuestra experiencia de vida, pero otras veces reaccionamos frente a alguna situación que se nos presenta desprevenidamente de forma agresiva porque hemos guardado dentro de nuestro corazón resentimientos, amarguras, odios y tristezas, sentimos que si alguien se acerca es para reírse o aprovecharse de nuestra debilidad. Otras veces u otras personas reaccionan de forma positiva sin importar los obstáculos que se les pone en frente, esto tal vez porque ya han pasado y aprendido de los anteriores. La pregunta es ¿Qué clase de persona soy o quiero ser? No es fácil cambiar nuestra forma de ser pero estoy segura que de a poco se van logrando grandes cosas y esto es lo que debemos preguntarnos a diario, y darnos cuenta si estamos creciendo como seres humanos, si estamos ayudando a alguien de alguna forma o al contrario, estamos siendo un mal ejemplo.

martes, 27 de enero de 2009

Quiero ser felíz!


Una tarde, hace muchísimo tiempo,
Dios convocó a una reunión.
Estaba invitado un ejemplar de cada especie.
Una vez reunidos, y después de
escuchar muchas quejas, Dios soltó
una sencilla pregunta: "¿Entonces, qué te gustaría ser?”
a la que cada uno respondió sin tapujos y a corazón abierto:
La jirafa dijo que le gustaría ser un oso panda.
El elefante pidió ser mosquito.
El águila, serpiente.
La liebre quiso ser tortuga, y la tortuga, golondrina.
El león rogó ser gato.
La nutria, carpincho
El caballo, orquídea.
Y la ballena solicitó permiso para ser zorzal...
Le llegó el turno al hombre, quien casualmente venía de recorrer el camino de
la verdad, hizo una pausa, y esclarecido exclamó:
"Señor, yo quisiera ser... feliz."

Esta es la respuesta de muchas personas "Quiero ser Feliz" incluso la mía no lo voy a negar, pero lo que no todos saben o se dan cuenta es que la respuesta no esta en ser otra persona, tal vez más linda, con dinero, fama, capacidades etc. etc., y por experiencia propia también lo se, no quisiera estar en los zapatos de nadie más que no sean los míos, con las ventajas y desventajas que eso representa. Para algunos la felicidad es solo una utopía y para otros posiblemente poder tener todo lo que quisieran, si eso fuera así ¿dónde estaría lo interesante de la vida? seria aburrido! o entonces, si nos vamos al otro extremo, ¿cuantas personas que lo han conseguido “todo” son tan desdichadas?; viven escondiéndose temiendo por sus vidas, ó ¿porque otros recurren a drogas e infinidad de vicios?.

Pienso que la felicidad no esta en tenerlo todo y menos al tiempo, es más quizás este muy lejos de llegar a conseguirlo alguna vez ( esta es solo mi opinión personal, puede que me equivoque), pero soy una convencida de que ser feliz consiste en soñar, pensar, crear luchar y vivir por alcanzar metas o propósitos que nos tracemos en la vida independientemente de que lo logremos o no, ¿acaso quienes somos para saber lo que realmente nos conviene o lo que realmente queremos? cambiamos tantas veces de opinión que bueno… hoy queremos algo y mañana quien sabe. Pero creer de corazón que algo bueno va a llegar a nuestras vidas mas adelante lo hace a uno feliz, y más cuando pensamos que lo que hacemos a diario contribuye a que ello pase, por lo menos es tranquilizante saber que hacemos nuestra parte y ya hay quien se encargue del resto, de darnos lo mejor conforme a lo que damos, hacemos y creemos.

martes, 16 de diciembre de 2008

Parábola del amor



"Te moldearé", le dijo el hacha al pedazo de hierro mientras descendía con toda su fuerza sobre uno de sus costados. Pero a cada golpe que le daba iba perdiendo su filo, hasta que después de un rato aquella herramienta no pudo más, había quedado completamente obtusa.

"Déjenmelo a mí", repuso el serrucho mientras clavaba sus dientes en el pedazo de hierro, los cuales fueron desapareciendo uno por uno.

"Yo me encargaré de modelarlo", profirió con arrogancia el martillo, mientras se burlaba de sus compañeros que habían fracasado. Pero después de varios golpes se le quebró el mango y se le desprendió la cabeza.

¿Me permiten probar?, inquirió humildemente una pequeña llama. Los tres se rieron a carcajadas, pero se lo permitieron porque estaban convencidos de que también iba a fracasar. Sin embargo, aquella llamita cubrió el pedazo de hierro; no se desprendió de él, lo abrazó y lo abrazó hasta volverlo blando y darle la figura que quería. Aquella pequeña llama logró lo que las otras tres poderosas herramientas no pudieron alcanzar. Así es el amor.

Todos sabemos que hay distintas clases de amor, y es increíble las cosas que llegamos a pensar en hacer por aquellos a quienes amamos, sin embargo no debemos confundir este sentimiento con la obsesión o la pasión, y aunque a veces suelen confundirnos es muy fácil diferenciarlos; pues la obsesión o la pasión es un deseo inmediato; es egoísta y solo busca intereses personales, el amor en cambio, busca el bien común, comparte desinteresadamente. La obsesión o pasión nos crea conflictos, mal ambiente, miedo, sensación de inseguridad, pero el amor trae paz, confianza y seguridad. La obsesión o pasión nos conduce a cosas que luego lamentamos, nos excita e impacienta, el amor al contrario es tranquilidad, comprensión y tolerancia, es algo verdadero.

Algo importante es que el amor nunca se basa en el sexo, es la generación de una verdadera amistad, la cual hace que el sexo sea mucho más dulce, una verdadera bendición. Creo que las personas deberíamos procurar ser los mejores amigos de aquella persona especial antes de llegar a tener algo más, pues de esta manera nos ahorraríamos muchas decepciones y tristezas porque en una verdadera amistad hay respeto, sinceridad y la suficiente confianza para expresar lo que sentimos y aunque las cosas no se den siempre como quisiéramos, por lo menos conservaríamos la amistad de aquel o aquellos que en algún momento de sus vida nos dieron tantas cosas bonitas, un pedazo de si. Se nos facilitaría entender que cuando las cosas tengan que terminar, de algún modo no perdimos ni fracasamos, si no que durante todo ese tiempo ganamos un amigo. Bueno esta es mi forma de ver las cosas desde mi experiencia personal aunque suene un poco ilusorio.

Bien dicen por ahí que "por los frutos se conoce el árbol"; de esta manera nos damos cuenta cuando algo bueno esta pasando en nuestras vidas, cuando nos sentimos felices, sonreímos, somos más receptivos a las necesidades del otro u otras personas. El amor nos da energía, nos hace sentir completos, nos motiva, hace que miremos hacia arriba, pensemos con grandeza y crezcamos como personas. Si tenemos amor en nuestra vida, podemos compensar muchas cosas que tal vez no tengamos, pero si no lo hay todo lo demás pasa a tener un menor significado.

"El amor no tiene nada que ver con lo que esperas conseguir, sólo con lo que esperas dar; es decir, todo".

lunes, 15 de diciembre de 2008

Cultiva la honestidad

Se cuenta que para el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse. Sabiendo esto, decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío. Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó: ¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura Y la hija respondió: No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz. Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío: Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa futura, emperatriz de China. La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc. El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado. Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo. Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos. En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella. Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el príncipe explicó: Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles.

Al igual que en esta historia, muchas personas se encuentran en situaciones en las que en su afán de encajar dentro de la sociedad o un grupo especifico de su interés intentan mostrar algo que no son, aparentar una vida que no es la suya tal vez sea la manera más fácil de acercarse o agradar a alguien, quizás el objetivo sea alcanzar un mejor puesto en la empresa, un aumento de salario, un privilegio o algún beneficio de alguien llevan a cometer este tipo de errores, al final nadie puede mantener una vida que no es la suya y se engañan a si mismos porque mas temprano que tarde los demás se darán de las verdaderas intenciones "No hay nada oculto que no haya de ser descubierto".

Debemos aprender que las personas deben aceptarnos tal y como somos, con todos nuestros defectos cualidades, que no hay nadie igual a otro y que al final estas diferencias son las que nos hacen únicos y especiales y las que nos brindan la oportunidad de aprender unos de los otros y a crecer juntos para ser mejores seres humanos; que las diferencias son solo excusas y no obstáculos porque cuando se quiere algo y se lucha de corazón por ello sin maldad ni intereses egoístas se puede lograr todo lo que queramos, como dijo algún sabio anónimo “el limite es el infinito”.

martes, 4 de noviembre de 2008

El valor de lo que no vemos

Un hombre encontró en un baúl, un retazo de una preciosa tela que pertenecía a sus antepasados. Aquel baúl siempre había estado en el desván pero nuestro hombre no tuvo curiosidad por ver lo que contenía hasta el día en que decidió cambiarse de casa y tuvo que efectuar los embalajes para la mudanza. Como entre los de su familia era costumbre llevar turbante quiso hacerse uno con aquel tejido, pero por más que lo intentó no lo logró. Los frustrados intentos le dejaron muy pensativo y preocupado: O su cabeza era demasiado grande o sus predecesores tenían “poca cabeza”. Sin darle más vueltas al asunto decidió sacarle partido a aquella herencia y llevó el retal al mercado para venderlo en la habitual subasta de los sábados. Una vez comenzada la subasta nuestro hombre comenzó a ver con creciente malestar, como el subastador ofrecía la tela y las ofertas iban subiendo más y más. Consideraba que estaban sobrevalorando el tejido, y no quería engañar a sus vecinos. Su desasosiego llegó al límite cuando se dio cuenta que la persona que hasta entonces había hecho la oferta más alta, era un erudito profesor, muy valorado por sus aportaciones intelectuales en la comunidad. ¡Seguro que un hombre poseedor de tanto conocimiento debe de tener una cabeza más grande que la mía, así que tampoco podrá hacerse un turbante con el trozo de tela de mis antepasados! No puedo tolerar este engaño, pensó. Así que se acercó furtivamente al profesor y le murmuró al oído: ¡No vale la pena comprar esa tela, es demasiado corta para un turbante! El profesor al escucharle volvió hacia él su rostro y con mirada de asombro le respondió: ¿En “qué cabeza cabe” que quiera hacerme un turbante con esa reliquia? Voy a enmarcar ese valioso tapiz y colocarlo en un lugar destacado de mi estudio para tener siempre presente la leyenda que lleva bordada!.

En la vida nos encontramos en situaciones en las que atravesamos cambios en nuestras relaciones; un divorcio, desempleo, o una crisis financiera etc. Nuestras expectativas están por el piso, perdemos las ganas de seguir luchando por nuestros sueños y hasta llegamos a pensar:
"Dios se olvidó de mi.”
"No puedo"
"No tengo"
"ya es tarde para hacer algo"

Lo que pocos sabemos es que hay una promesa que ésta escrita y es verdadera: "Tú cambiaste mi tristeza y la convertiste en baile. Me quitaste la ropa de luto y me pusiste ropa de fiesta,” (Salmo 30:11). La tristeza, el desanimo, la desesperación, la angustia entre muchas otras son las caras que abundan en esta época, muchas personas viven con el temor de emprender negocios, no quieren comprometerse en una relación, tienen miedo a que las cosas salgan mal otra vez.... en pocas palabras le tienen miedo al futuro y vemos solo lo malo. Muchas veces nos encontramos en la situación de este hombre que no supo reconocer el valor del tapiz. Nos pasa que no reconocemos nuestros talentos, recursos, habilidades y posibilidades. Somos muy hábiles para limitarnos a nosotros mismos, llegamos a contarnos y lo que es peor, a creernos cuentos que paralizan nuestras propias acciones, no nos damos cuenta de todo el potencial con el cual Dios nos ha creado, desconocemos todo el poder que opera en nosotros y rechazamos nuestra herencia con cada uno de los pensamientos negativos que llegan a nuestra mente. De una u otra forma todos tenemos talentos que están allí para ser usados, como alguien dijo por ahí ¿Para qué serviría poner un reloj de sol en la sombra?. En lugar de andar quejándonos debemos empezar a trabajar en descubrir cual es el talento que Dios ha puesto en mis manos y también reconocer los que tienen los demás, de esta manera veremos lo mejor de cada uno y aprovechar esto para salir de las situaciones difíciles que se nos presentan en la vida. Debemos empezar en creer en nosotros mismos aunque el mundo nos diga lo contrario.

"Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque el SEÑOR, tu Dios, estará contigo dondequiera que vayas». Josué 1:9

viernes, 24 de octubre de 2008

El amor


Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los humanos. Cuando el aburrimiento ya había bostezado por tercera vez, la locura, como siempre tan loca, les propuso: ¿Vamos a jugar a las escondidas?. La intriga levantó la ceja intrigada y la curiosidad, sin poder contenerse preguntó: ¿A las escondidas? ¿Y eso cómo es?. Es un juego —Explicó la locura—, en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden; y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que yo encuentre ocupará mi lugar para continuar con el juego. El entusiasmo bailó secundado por la euforia, la alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la duda, e incluso a la apatía a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar. La verdad prefirió no esconderse... ¿para qué? Si al final siempre la encontraban. La soberbia opinó que era un juego muy tonto (en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella) y la cobardía prefirió no arriesgarse... uno, dos, tres… comenzó a contar la locura. La primera en esconderse fue la pereza, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra en el camino. La envidia se escondió tras la sombra del triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. La generosidad casi no alcanza a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos... ¿Un lago cristalino? (Ideal para la belleza). ¿La hendija de un árbol? (Perfecto para la timidez). ¿El vuelo de la mariposa? (Lo mejor para la voluptuosidad). ¿Una ráfaga de viento? (Magnífico para la libertad). Así terminó por ocultarse en un rayito de Sol. El egoísmo, en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo... pero solo para él. La mentira se escondió en el fondo de los océanos (mentira, en realidad se escondió detrás del arco iris) y la pasión y el deseo en el centro de los volcanes. El olvido... se me olvido donde se escondió... pero eso no es lo importante. Cuando la locura contaba 999.999, el amor aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado… hasta que divisó un rosal y estremecido decidió esconderse entre sus flores. Un millón! Contó la locura y comenzó a buscar… La primera en aparecer fue la pereza sólo a tres pasos detrás de una piedra. Y la pasión y el deseo, se sintieron en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la envidia y claro, así pudo deducir donde estaba el triunfo. Al egoísmo no tuvo ni que buscarlo. El solo salió disparado de su escondite que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la belleza, y con la duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de que lado esconderse. Así fue encontrando a todos, al talento entre la hierba fresca; la angustia en una oscura cueva, a la mentira detrás del arco iris (mentira, si ella estaba en el fondo del océano) y hasta al olvido... que ya se le había olvidado que estaba jugando a los escondidos... Pero solo el amor, no aparecía por ningún sitio... La locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, en las cimas de las montañas y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y las rosas... Tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas hasta que un doloroso grito se escuchó... Las espinas habían herido en los ojos al amor... la locura no sabía que hacer para disculparse, lloró, rogó, imploró, pidió perdón, así que el Amor que todo lo perdona la disculpo pero a cambio le pidió que por favor fuera su lazarillo... Desde entonces... desde la primera vez que se jugó a las escondidas en la Tierra… ...El amor es ciego y la locura siempre lo acompaña.

El mundo actual nos quiere mostrar que el amor es solo un cuento de antaño, algo pasado de moda en lo que ya muchos no creen, pero yo solo tengo algo para decir y no precisamente hablo del amor entre los seres humanos, ya que éste es una consecuencia del amor más grande que existe; El Amor de Dios, este amor que nos permite amar algo o alguien que no vemos ni tocamos, que es locura para el mundo porque sin esta pasaría a ser algo normal, pero este es el Amor que sobrepasa todo entendimiento algo que nosotros mismos no logramos razonar pero que sentimos dentro de nuestro corazón y es la certeza de que todo es posible, de que el amor de nuestro Señor Jesucristo es mayor que toda tristeza y no hay problema lo suficientemente grande que pueda opacar la alegría que se siente cuando él vive dentro de nosotros.

"El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, sino que se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta"1 Cor 13:4-7.

¿Acaso hay algo que decir después de esto? El amor de Dios es lo más grande que podemos tener, y que a pesar de todos nuestros errores y orgullo siempre estará allí para perdonarnos y mostrarnos que aunque el mundo nos falle contamos con él siempre que lo necesitemos.

"Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor" (I Corintios 13:13).